Publicado por direccion, 13-Noviembre-2018



Una vida con los libros

Todo gira alrededor del ciudadano. “Lo más importante es que la bibliotecología es una carrera de servicio. Ahora se ha vuelto a revalorizar en la administración pública la mirada al ciudadano, pero en la bibliotecología tenemos esa visión hace mucho”. 


Artemio López Saldaña es licenciado en Bibliotecología y Ciencias de la Información. El jueves 15 cumplirá un cuarto de siglo al servicio de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP). 

“Hay una mística con la Biblioteca. Su historia es muy rica y aún no ha sido explorada al cien por ciento. La BNP ha pasado por momentos críticos que han coincidido con la guerra de la Independencia, la entrada de los realistas en dos oportunidades, la invasión chilena, el incendio en mayo de 1943, que, como decía Basadre, fue el reflejo de la decadencia y el desentendimiento de las autoridades con la biblioteca”, dice. 

En 1993, aún estudiante, López ingresó como técnico en bibliotecología a la institución y cuando en la década pasada se inauguró el nuevo local, ya era director general del Centro de Servicios Bibliotecarios Especializados. Tuvo la delicada labor de trasladar los más de 150,000 ejemplares de la Colección Peruana del local de la avenida Abancay a la nueva sede en San Borja. 

Ahora trabaja en la jefatura de Servicios Bibliotecarios de la sede de San Borja, donde se atienden a los usuarios en tres salas principales, tres salas chicas y un área de atención al usuario. 

La nueva sede también va quedando chica. “Las bibliotecas en el mundo tienen este problema”, cuenta con calma el especialista. “La Biblioteca Nacional de España tuvo que dividir su servicio en el local principal en Madrid y otro en Alcalá de Henares. Hay que repensar la edificación de bibliotecas en el mundo, porque siempre lo que el usuario busca es el impreso y no las publicaciones virtuales”.

López afirma que hay varios temas que preocupan a los bibliotecólogos peruanos respecto a la difusión de los libros: Uno, los altos costos de los libros importados. Dos, la falta de facilidades para captar la producción internacional de los peruanistas. 

En cuanto a la oferta, recuerda que en las bibliotecas comunales, la mayoría que trabajan son voluntarios. A pesar de que la ley de municipalidades obliga mantener un servicio de biblioteca pública, los gobiernos locales y regionales no cuentan con estos profesionales y las políticas de fomento de la lectura no dejan de ser teóricas. 

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“Solo un par de meses”, le dijo Margarita Martínez a la directora de aquel entonces, Martha Fernandez de López. Se urgía de bibliotecarios para organizar los servicios bibliotecarios con estantería abierta, que se iban a inaugurar. Se convocó a profesionales de todas las disciplinas, economistas, psicólogos, químicos y otros, los que ayudarían a seleccionar los títulos para sacarlos de los depósitos y ponerlos a disposición del público. Y un bibliotecólogo debía de dirigirlos. 

Era 1993, la BNP estaba en plena reorganización, y Margarita se fue quedando. Así pasaron estos 25 años. 

En los años setenta, estudió en la escuela de Bibliotecología que funcionaba en la propia BNP. Entonces era muy elitista, pues iban las hijas de los diplomáticos. Después formaría parte de la primera promoción de bibliotecólogos que egresó de la Universidad de San Marcos. 

Cuando los libros nuevos se vinieron a San Borja, en el local de la avenida Abancay se vivieron los miedos del abandono. Los trabajadores decidieron plantearle al director de entonces, Sinesio López, la creación de la Gran Biblioteca Pública de Lima. En el 2006 nació la GBPL, que tiene una mirada moderna con más servicios y tecnología. 

Ya con la dirección de Hugo Neyra, Martínez trabajó en la Dirección General de las bibliotecas públicas y en el proyecto “Leer sin fronteras”, que permitió llevar libros a las zonas de frontera de la selva limítrofe con Ecuador y Colombia. 

La bibliotecóloga fue artífice para que hace 10 años naciera la sala de estudios de la GBPL, servicio que cada día recibe alrededor de 300 chicos que se preparan para ingresar a la universidad. 

“Ellos quieren solo wifi, tranquilidad. Se sienten seguros, quieren un servicio higiénico, microondas para calentar sus alimentos. Por eso hacen colas para ingresar acá”, explica. 

Son tiempos de las redes sociales, en la BNP son conscientes de que la biblioteca pública debe salir a la búsqueda de sus lectores. Margarita está a cargo del proyecto “El casero del libro”, que ya se funciona en Chile y el distrito de Miraflores. Permitirá en el 2019 tener en el Mercado Central un servicio para los 900 puestos. Los vendedores podrán ahí prestarse libros. Y viajar