Publicado por direccion, 10-Julio-2018



CLÁSICO DE LA LITERATURA: 70 años de El túnel

La obra de culto de Ernesto Sábato fue publicada en 1948 en la revista Sur, luego de que el manuscrito fuera rechazado por las principales editoriales argentinas.

De la ciencia al arte. De la agobiante racionalidad a la belleza de un inconsciente atroz y hermoso. De la beca para investigar radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie de París a un solo túnel, oscuro y solitario: el de “Juan Pablo Castel”, el pintor que mata a “María Iribarne” en El túnel.

La novela fue publicada en 1948 en la revista Sur, luego de que el manuscrito fuera rechazado por las principales editoriales argentinas. Las entusiastas críticas de Albert Camus, quien hizo traducir la novela al francés, le dieron proyección global.

La obra, una novela psicológica narrada en primera persona y enmarcada en el existencialismo posterior a la Segunda Guerra Mundial, narra los hechos que desembocan en un crimen pasional, en un relato corto e intenso no inocente de un poderoso simbolismo.

Juan Pablo Castel, el pintor de un cuadro que solo una mujer comprendió, la asesina en medio de una vorágine de inestabilidad mental, un carácter obsesivo y poco tolerante a las frustraciones, y un vertiginoso vistazo a las profundidades más oscuras de la mente humana. Una joya breve a la que, han coincidido muchos, no le falta ni le sobra una sola palabra.

Obsesiones personales

En El túnel, Ernesto Sábato comienza a forjar un mundo narrativo pródigo en sus obsesiones personales.

Así, la condición de la ceguera –que en la novela la tiene Allende, el esposo de María Iribarne a quien Castel telefonea para decirle que su esposa tenía un amante y que la había matado, y cuya respuesta lo acompaña durante los meses de encierro que sobrevinieron: “Insensato”– explotaría como tema que obsesiona a otro personaje en Sobre héroes y tumbas, la segunda novela de Sábato. 

La novela fue adaptada al cine en 1987 y recibió dos nominaciones para los premios Goya: a la mejor película y al mejor guión adaptado.

Detrás del autor

Ernesto Sábato nació el 24 de junio de 1911 en el pueblo bonaerense de Rojas y vivió 99 años. Décimo de once hijos, la primera carga de tristeza fue el heredar el nombre de un hermano que lo antecedió y que falleció muy pronto.

Sábato explica en su libro de memorias Antes del fin que aquel hecho tal vez fue la causa de una existencia “tan dificultosa, al haber sido marcado por esa tragedia”.

Durante su juventud abrazó el comunismo para luego abandonarlo. La crisis fue sucedida por otra más compleja: renunciar a sus investigaciones científicas por motivaciones filosóficas y cultivar lo impreciso e irracional en la literatura.

Su segunda novela, Sobre héroes y tumbas, considerada la mejor novela argentina del siglo XX, no vio la luz hasta 1961. La tercera y última obra de ficción de Sábato fue Abaddón el exterminador, la más compleja y experimental de las tres novelas.

Los últimos años de su vida los pasó en su casa de Santos Lugares, en la provincia de Buenos Aires, donde su vista deteriorada le impidió leer y escribir. Fue una etapa prolífica para practicar su otra pasión: la pintura. La casa de Santos Lugares es hoy un espacio que congrega a visitantes de Argentina y todo el mundo.

Sábato fue presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), cuyo informe de condena a los militares por los actos de violencia política en su país fue un documento importante y no exento de polémicas. (Harold Moreno Luna)